TRIUNVIRATO Y OLAZABAL30 de Junio de 2017

LA CONSTRUCCIÓN QUE CONTAMINA

La edificación de Triunvirato y Olazábal hace un año que le está generando problemas a los vecinos. El año pasado se derrumbó la vereda, ahora denuncian fuerte olor a combustible y los comerciantes se quejan por las caídas en las ventas.
La construcción del complejo avanza

Hace tiempo que la obra que se está realizando en la antigua Shell le está provocando malestar a la gente del barrio. A pesar de las denuncias y de la investigación sobre la presencia de hidrocarburos en el predio, el edificio sigue creciendo.

“El olor a combustible que sale de los líquidos de la obra me provoca dolor de cabeza y náuseas constantes”, le contó Graciela Carmelino, comerciante del lugar, a SoydeUrquiza.com. “Los olores son más fuertes por la noche y nos afecta a todos los que vivimos acá”, agregó.

El año pasado, la Subsecretaría de Derechos Urbanos, Espacio Público y Medio Ambiente detectó la presencia de hidrocarburos y vuelcos indebidos en el sumidero de vía pública. Sin embargo, hasta el día de hoy poco se hizo al respecto y los vecinos siguen siendo los principales afectados.

Los conflictos con la obra comenzaron en septiembre del año pasado, cuando se estaba llevando a cabo el proceso de socavamiento del pozo en el terreno. El día 3 de ese mes la vereda de Triunvirato amaneció partida, lo que ocasionó que se rompiera un caño de Aysa y hubiera peligro de derrumbe. En esos días lo cuadra estuvo cortada preventivamente y la obra siguió su curso a las pocas semanas.

La vereda se derrumbó en septiembre del año pasado- Foto Clarín


En ese entonces, un vecino realizó una denuncia que decía:
“A causa de la rotura del caño de la Empresa AYSA, el pozo que venía realizando la constructora se comenzó a llenar de agua y desde ese día desde adentro de la obra salen unos caños que mediante un sistema de bombeo mecánico vierten el líquido al desagüe fluvial de la calle. Es desde ese momento que se siente en la zona un fuerte olor a combustible, lo que a preocupado a la población del barrio, por la posibilidad no solo de contaminación ambiental sino por el peligro a una explosión por los gases emanados”

Por otra parte, hace casi un año que la vereda se encuentra obstruida, por lo que la gente debe caminar por la calle y eso perjudica a las ventas. “La obra nos mató el negocio. Si antes se vendían 10 pares de zapatos por día hoy solo llegamos a vender la mitad. Que no habiliten la vereda nos está arruinando el comercio”, explicó Daniel, encargado de la zapatería Popeye, que linda con la construcción.

El edificio tendrá 15 pisos y 61 departamentos


Sumado a todo esto, las vibraciones constantes están destruyendo negocios y casas cercanas a la construcción.“A nosotros ya nos rompieron paredes, se nos levantó el piso y desde la obra no hay ninguna respuesta. Ya estoy resignado a que esto va a seguir ocurriendo”, indicó Roberto, vecino del lugar.

A pesar de los problemas que está ocasionando esta megaobra, la construcción sigue en pie. Los reclamos de los vecinos quedan en la nada y mientras tanto son ellos los que están sufriendo las consecuencias. ¿Hasta cuándo seguirá este conflicto?